lunes, 10 de mayo de 2010

En peligro pasajeros de tranvías en la Av. La Colmena (1908)

El 28 de febrero de 1908 el diario El Comercio narra una serie de incidentes en la Avenida La Colmena, en momentos en que se encontraba de visita la poderosa flota norteamericana.

Para ese entonces, EEUU ya era una potencia mundial, en 1846-48 Texas, Nuevo México y California que fueron territorios mexicanos pasaron a ser estadounidenses. En 1898 EEUU derrotó a España, se independizó Cuba y se anexó Puerto Rico, Filipinas y Guam. Estando ya Panamá libre del poder colombiano, EEUU logró la concesión para la construcción del gran Canal y protegió su inversión militarmente.

En ese contexto, la flota norteamericana llegó al Callao el 20 de febrero de 1908. El Perú  realizó un espectacular recibimiento, quizás el más hospitalario del continente, considerando que en Río de Janeiro la visita norteamericana había producido serios incidentes en la ciudad. 

Lima se vistió de fiesta, se invitó a 5000 marinos norteamericanos y 600 oficiales a la Plaza de Acho para presenciar una corrida de toros, se realizó una excursión al monte Meigs a 5085 m.s.n.m. en la sierra limeña, celebraciones en el Palacio de la Exposición a los oficiales, hasta el compositor César Penizo compuso el tema "El Escuadron Blanco" y se conmemoró el cumpleaños de George Washington. ¡Vaya con estos excesos!


Los norteamericanos por su parte, realizaban presentaciones nocturnas con su flota en el Callao, congregando a miles de personas en el puerto para observar el espectáculo.

Los tranvías trabajaron como nunca, poniendo todos sus carros a disposición, publicando en los diarios sus tarifas, nuevos horarios y salidas especiales.   La visita produjo buenas ganancias en los comercios pero también congestiones en el tránsito, como se podrá advertir en la noticia publicada un día antes que partiera la flota norteamericana del puerto del Callao.


EN LOS BARRIOS DE LA COLMENA

La alarma de anoche
PASAJEROS EN PELIGRO

Los barrios de La Colmena fueron teatro anoche de varios sucesos que pusieron en movimiento á sus pacíficos moradores.

De todo hubo: peligro de un choque, amago de incendio, mujeres en peligro de ser arrolladas, protestas de los pasajeros, y para colmo de males, el teléfono interrumpido.

Aquello era un campo de Agramante.

Relatemos todo lo ocurrido:

Según versión del garitero Marcelino Rosel, que presta sus servicios en la curva de la calle de Bravo, del eléctrico al Callao, hace siete días que carece de farol rojo para hacer las señales cuando hay peligro.

Este grave descuido de la empresa ha dado lugar á que, constantemente, durante los mencionados días, no transcurran cinco minutos sin que se corra el riesgo de un choque entre dos carros, lo que naturalmente es motivo de alarma entre los pasajeros.

Por tales circunstancias, anoche una señora estuvo en peligro de ser arrollada, salvándose de una muerte desastrosa, por la oportuna intervención del inspector de policía que con presteza pudo sacarla de la línea.

No habían transcurrido cinco minutos de éste suceso, cuando el carro número 5 que se dirigía al Callao y la góndola número 17, que venía de ese puerto, ambos repletos de pasajeros estuvieron á punto de chocar porque, careciendo el garitero del farol rojo no pudo hacerles las señal de peligro, de tal suerte que, ambos carros sólo se dieron cuenta de que iban á una segura catástrofe, cuando penetraban simultáneamente á la curva de Bravo, el uno por la avenida de La Colmena y el otro por la calle de Ibarola. Felizmente, la destreza de ambos motoristas que pudieron detener sus carros á tiempo, evitó que se tuviera que lamentar una desgracia.

Demás es decir, que la protesta de los pasajeros de ambos eléctricos fué general, censurando tan punible negligencia por parte de la empresa.

Minutos después de todo lo anteriormente narrado; esto es a las 7 y 30 de la noche, se dirigía al Callao el carro número 1, conduciendo gran número de familias y muchos marineros norteamericanos que volvían á sus respectivos buques surtos en el Callao, cuando al entrar á la curva de Bravo se le quemaron los plomos, impidiéndole continuar su marcha; otro carro que dos minutos después llegaba del vecino puerto, penetraba á la misma curva, estando á punto de chocar.

Se evitó el siniestro por los gritos que dieron los vecinos y los pasajeros de ambos y por la actitud del inspector Antonio Mata número 69, que pudo advertir el peligro.

Este nuevo accidente produjo una algarabía infernal, con motivo de las protestas generales del público y de los marinos norteamericanos que tenían prisa por llegar á sus respectivas naves.

Descompuesto el carro número 9 se quedó como dejamos dicho en la curva de Bravo, interrumpiéndose el tráfico de la línea al Callao.

Hasta ocho carros llenos todos de pasajeros, se juntaron en la avenida de La Colmena.

Para colmo de males, José María Alatrista, garitero de la esquina de la Salud y de la mencionada avenida, comunicaba que el teléfono directo para la estación principal se había interrumpido, de tal suerte que le era imposible avisar lo que ocurría.

El jefe de servicio mayor Cobarrubias se trasladó inmediatamente á caballo á la estación de San Juan de DIos para comunicar lo que ocurría, presentándose momentos después en automóvil el gerente de la empresa señor Godoy, que comenzó a dictar las providencias del caso para reparar la descompostura que había sufrido el número 1.

Hallábase en esta operación, cuando la campana de la bomba "Lima" sita en la plazuela de San Juan de Dios, comenzó á dar la señal de incendio, circulando inmediatamente la noticia de que el siniestro tenía lugar en la avenida de La Colmena.

No había transcurrido de esto muchos minutos cuando comenzaron á llegar á toda prisa las compañías de bomberos con sus repectivos materiales, lo que, como es de suponer, aumentó la confusión en el barrio.

Los pasajeros del eléctrico que deseaban llegar lo más pronto posible al lugar de su destino, daban muestran de impaciencia, golpeando con los pies el piso de los carros.

Para salvar esta situación, se dispuso de que el tráfico se hiciera por trasbordo en la avenida de La Colmena, lo que se llevó a cabo, comenzándo a circular los carros de regreso al Callao.

Era de ver las carreras y las luchas que los pasajeros tenían que librar para poder tomar nuevamente los carros del eléctrico.

Por fin después de gran labor, se pudo conseguir que el número 1 regresara a la estación de San Juan de Dios, á las ocho de la noche, restableciéndose el tráfico normal entre Lima y el Callao.

No sería justo hacer cargos á la empresa del eléctrico por la irregularidades que dejamos anotadas, desde que, como todos sabemos , está realizando ahora, con motivo de la presencia de la escuadra americana el el Callao, un servicio recargadísimo y completamente anormal; pero si esto es cierto y basta para disculpar cualquier deficiencia ó interrupción pasajera en el tráfico que pudiera haberse notado en estos días, encontramos muy grave la falta de señales en uno de los puntos más peligrosos de la línea, sobre todo hoy que se requieren mayores precauciones y cuidados que nunca, para evitar accidentes, por lo mismo que el movimiento ha crecido tanto desde que tenemos á los marinos yanquis en el Callao.

Los marinos norteamericanos en la Plaza de Armas. Fotografía del 24 de febrero de 1908.  Tomado del Boletín "The Evening Star"

 Febrero de 1908.  Asistieron a esta corrida de toros 5600 norteamericanos de la "flota blanca", sumados a los anfitriones limeños.  Tomado del Boletín "The Evening Star"

Tranvía en la Avenida La Colmena. Fotografía de la colección de Allen Morrison.


2 comentarios:

  1. Importantes notas de valor histórico y citadino.

    La calle de Bravo está más o menos identificada, pero la esquina con Riba-rola (sic) (esta calle la he escuchado algunas veces pero no doy con ella dentro de la moderna nomenclatura de Lima). ¿Alguna referencia señor Abad?

    Me parece que el peligro estaría en que por allí había un cambia- agujas o desvío de la línea que soportaba la vieja línea que llegaba del Callao, claro que en los originales trazos del siglo XIX, a la que en algún tramo del artí-culo me refiero en

    El primer ferrocarril de pasajeros del Perú y Sudamérica:

    (…) Según el trazo, los rieles al Callao partían de la referida estación de San Juan de Dios, cruzaba la antigua plaza La Micheo, para seguir, en línea recta, por las calles Itu-rrizaga o Alfareros y San Jacinto, que hoy forman el jirón Quilca; atravesaba la muralla y ya en los terrenos cultivados, la huerta de La Virreina o San Jacinto.(…)

    Sitio:

    http://harumalraschid.blogspot.com/2008/07/crnica-del-primer-ferrocarril-de-carga_18.html

    De acuerdo, la llegada en el número de tropa y oficialidad de la marina de USA, caso único que incluso me parece no se repitió en el Primer Centenario de 1921, aunada a la naturaleza curiosa y novelera del pueblo de aquella época, que dicho sea de paso amén de los gallos, toros, veladas, algo de teatro y mucho de fiestas hogareñas, el quehacer mundano de entonces, no sabía de más… pero una exageración habida cuentas.

    Elocuentes y valiosas las notas y fotos que expresa usted. De ellas la plaza de Acho, con sus “famosos cuartos, localidades de primera fila y reservados a toda vista”, esta fotografía es un documento escaso e histórico.

    Un abrazo amigo Abad

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  2. Muy interesante don Luis Siabala, el relato del primer ferrocarril de pasajeros de Sudamérica que partía de Lima al Callao.

    Hace poco leí una noticia de la época con mucho detalle de la posición de los rieles del Ferrocarril Eléctrico de Lima-Callao, lamentablemente no guardé copia ni ningún registro de ella, espero ubicarla.

    La calle de "Ibarrola" es la cuadra tres del Jirón Ocoña, no he transitado actualmente por esta calle, pero hace unos años tuvo fea fama en la esquina con el Jirón Cailloma. De otro lado, Gálvez menciona que en esta calle vivió doña Paula Ibarrola en el siglo XVII y que probablemente por este hecho, se le dio tal denominación.

    Muchas gracias por sus comentarios, los leo con mucho gusto. Un abrazo

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